"Exhortar a la castidad constituye una incitación pública a ir en contra de la naturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, y toda impurificación de ésta al tacharla de 'impura' representa el verdadero pecado contra el espíritu santo de la vida."

Friedrich Nietzsche

martes, 16 de octubre de 2007

Una aproximación a la naturaleza del Poder



"Para vos, lo peor es la libertad / Estoy rodeado de viejos vinagres..." Luca Prodan - Sumo



Hola a todos, les habla el Gorrión nuevamente, hoy les traigo un tema, que no es nuevo en el blog, pero sí quiero, darle un nuevo giro a esa noción que ya habíamos diseñado hace unos días. En primer lugar, lo que quiero es que quede claro, que lo que aquí se intenta es aproximarnos no ya al concepto, sino a algo más profundo: a su naturaleza; y por ello, decidí acercarme a cierta bibliografía, la de la antropología. Espero que lo disfruten y que les sirva.
La antropología durante la década del cuarenta del pasado siglo XX, se comenzó a preocupar también un poco por esto del Poder; naciendo así un nuevo campo de investigación: la antropología política. Esta disciplina comenzó a ocuparse de las relaciones de parentesco, de la evolución de las sociedades siguiendo en algunos casos, un concepto evolutivo; así es que se preocupó por ir de las más simples a las más complejas, e investigando las implicaciones de la actividad económica dentro de cada una de los distintos grupos humanos, enfocándose en las formas tanto instituidas como institucionalizadas del poder, llegó a formular entonces, teorías políticas. Las dos escuelas más importantes que se formaron en las décadas del cincuenta y sesenta respectivamente, fueron: la formalista y la sustantivista (tal vez me ocupe de ellas más adelante).
Georges Balandier, fue uno de los primeros, y más destacados investigadores, que se preocupó por las sociedades con formas de poder no institucionalizadas, es decir instituidas (sociedades donde el poder no tenía una cara visible reconocible, donde sólo se siente). Éstas, son sociedades que presentan una organización normalmente vinculada, a los sistemas de parentesco, y a formas políticas dadas por los linajes, que tienden a presentar o a generar un comportamiento corporativo. De esta manera, se intentaba controlar los conflictos que son inherentes a todas las sociedades humanas; y que yo agregaría, está en la propia naturaleza del hombre. Lo curioso, en estas sociedades, que insistimos, no poseen una forma de poder visible, es que sí, aparecen allí, individuos representativos cuyo prestigio los colocaba en posiciones para tomar decisiones (véase primera aproximación a la noción de poder); y cuya autoridad mínima o difusa servía para canalizar los conflictos que pudieran surgir.
Los antropólogos políticos van a hablar del Big Man como de un emergente de dichas sociedades. El Big Man, o como lo llama Earle, “agrandados”, van utilizar símbolos, lenguajes y mitos para crear las condiciones para un proceso de legitimación de su propio poder.
Balandier dará tres definiciones del poder:
1º) Capacidad de influir en las personas o cosas recurriendo a una gama de medios que van de la persuasión a la coerción.
2º) Capacidad para obligar a los demás dentro de un sistema de relaciones sociales o de grupos.
3º) Capacidad dada a un actor dentro de una relación social dada para dirigirla a su antojo (definición que toma de Max Weber).
Interesante ¿no? A mí me interesa, para nuestro propósito, que nos detengamos un poco en la segunda de ellas; es decir en “esa capacidad para obligar a los demás dentro de un sistema de relaciones sociales o de grupos”. ¿Por qué me interesa ésta definición? Muy sencillo, porque para poder establecer un sistema de relaciones con alguien o con algo, debemos previamente, adjudicarle un valor. El valor que previamente decidimos como cierto, es el que nos va a permitir crear nuevos sistemas de relaciones. Ustedes recordarán que habíamos dicho que, las mentalidades, las creencias, y si no lo dije antes, lo digo ahora, los valores estaban relacionados con el poder. ¿Sí, me siguen?
Un viejo refrán dice: “a palabras necias, oídos sordos”. Lo que quiero expresar con ello, es que es posible que muchas de las cosas que actualmente nos gobiernan, no merezcan, a esta altura del saber de de nuestras potencialidades, consideración alguna, pues cada vez son más las mentiras que vamos descubriendo están presente en nuestra cultura. Yo, soy un defensor del conocimiento, por excelencia, pues sé que él es poder. Pero he descubierto, con los años que, muchas cosas que por mucho tiempo juzgué como verdades, ya no lo son, o no lo son para mí. Seguramente, muchos de ustedes habrán descubierto lo mismo. Y sí esto es así, entonces conviene preguntarnos por qué seguimos insistiendo en perseguir las mismas cosas que, en algún momento, hemos descubierto que son una gran mentira. Si aspiramos a la libertad (valor que considero supremo), y a la independencia personal, por qué nos aferramos a cosas, a valores, a creencias y a mentalidades obsoletas. Convencernos a nosotros mismos de que somos libres, pero digo libres de verdad, es necesario para entender que no podemos seguir compartiendo el mismo sistema de valores, de creencias, y de mentalidades, que hasta hace un tiempo nos gobernó; porque ésto es lo que hará que nuestra mentalidad permanezca ligada a esos conceptos, y con ella, nuestras acciones. Ésto, desde luego, rige para el campo de la sexualidad.
Nunca, como profesional de la historia, he entendido por qué en las Universidades, aquí en la Argentina, se sigue aferrado al materialismo histórico para explicar el pasado, cuando a todas luces, sus resultados no han conducido más que a una moralización de la historia, del hombre y de sus condiciones, y de sus circunstancias, donde las supuestas víctimas de la sociedad participarían de una naturaleza distinta y mejor que sus verdugos. Cierta simplificación satírica diría algo así: Capital-Malo vs. Proletariado-Bueno. Los buenos vencerán a los malos cuando se produzca la tan esperada Revolución; ya que los buenos les explicarán a los malos –sin necesidad de coacción, ni de violencia, de ningún tipo, por supuesto-, que han estado equivocados, y que ellos les mostrarán el verdadero y correcto camino; esa verdad a la que hacía referencia Facundo Cabral, y que les mencionaba en un pasado post. Ésto, amigos, no es más que la explicación, y a veces aplicación, de una ideología que termina redundado siempre en una visión reaccionaria, pues surgen siempre los “agrandados”, los Big Man, ante las dificultades, que se terminan apropiando del poder, y utilizándolo en beneficio propio y de sus cómplices, pues nunca faltarán los individuos que se sientan tentados a participar en esa “relación de goce” del poder, de la que ya habláramos en un post pasado; y nunca faltarán los que se vean perjudicados por dicha estructura de poder. Nada hay tan temible para las sociedades, como la anarquía; es por eso que, esa sensación de vulnerabilidad de las sociedades hace que se generen esos núcleos de poder, que a veces, pueden ser un verdadero obstáculo para el cambio o para el surgimiento de nuevos valores en relación a los nuevos poderes, que los tiempos marcan: hay poderes que son anacrónicos, sin embargo, siguen teniendo su peso específico. Es porque el poder atrae tanto (nunca perdamos de vista, ésto, sí) que inevitablemente surgen los agentes que quieren usufructuar de lo que el poder tiene de beneficioso: en la inmennsa mayoría de los casos, es decir cuando se trata del poder político, son cuestiones materiales, de las que hablamos.


Bueno, por hoy los dejo. Espero haber contribuido en algo a mejorar sus vidas. Un abrazo a todos del Gorrión pys.

5 comentarios:

Cebolla dijo...

Es muy interesante la relación entre valor y poder. Gorrión, ¿qué pasa cuando alguien deja de darle valor a algo que otros sí valoran y sienten poderoso?

GORRION pys dijo...

Hola Cebolla: Mirá, tu pregunta en muy buena, y apunta al centro, al corazón mismo de las sociedades, ya que ellas son dinámicas; pero en definitiva, debés recordar que, no existen las sociedades completamente acéfalas, o desprovistas de un poder dominante, al menos. Él, bien o mal, existe tanto instituido como institucionalizado. Parte de la respuesta la encontrarás en los anteriores artículos (post) publicados aquí. De cualquier forma, tu pregunta merece una respuesta que, intentaré responder de la forma más breve y sencilla, que me sea posible dar.
En principio, lo que genera, es un gran malestar en el agente que participa de esa relación de poder. El poder, lo genera siempre, pero en algunos casos, es tolerable, dada su conveniencia.
Lo que quiero decir es que, todos somos partícipes del poder. El poder está incrustado en todo lo que hacemos, en todo lo que percibimos, en todas las relaciones sociales: en la publicidad, en el periodismo, en los sindicatos, en la seducción, en el matrimonio, etc. No podemos escapar al poder; pero sí, podemos establecer nuevos valores, modificando las creencias, las mentalidades, y a las formas de ejercio del poder político, aunque me temo que no a su naturaleza. Todo es la forma. La Argentina, a mi juicio, padece de una crisis de valores, que hace que las personas busquen nuevos valores (esto no es malo) y nuevos poderes. Si a mí me preguntarán cuál es la mentalidad dominante en estos tiempos, al menos; y quizás en toda nuestra historia (aunque esto es muy discutible), diría lo siguiente: predomina cierto pensamiento mágico, que no cree que haya una correspondencia directa, entre el esfuerzo, el saber, la libertad de empresa y cierto bienestar social, que desgraciadamente, no llega a todos, rápidamente (esto es muy polémico también). Aspiramos a que nada cambie, o que cambie sin tomarnos en trabajo, o el esfuerzo que implica el hacer las cosas de otro modo; con mayor responsablidad, y más decisión. Si queremos cambiar, debemos hacer las cosas de otra manera. Si hacemos las cosas siempre igual, obtendremos los mismos resultados. Somos buenísimos repitiendo errores, en buscar culpas afuera del país, y en no verlas adentro.
Que alguien se sienta poderoso, no debería afectarte, salvo en el caso de que su poder limite parte de tu libertad o tu dignidad; en ese caso, deberías preguntarte por qué seguís adherido a alguien con un poder tal.
No creas que soy tan ingenuo, sé perfectamente, que en el país, como decía Discépolo, "vivimos en un horno todo manoseados", pero ese es tema para otro post. Nuestra "libertad" no se parece en nada a la que existen en otros países; hay mucha leyes que se mueren de risa en los libros.
Ignacio Copani establecía tres salidas:
1º) El aeropuerto;
2º) La droga;
3º) Estar muerto.

Habría una cuarta, que él no menciona, y es que podés asociarte libremente con los que piensan de una manera semejante a la tuya, para empreder algo que crezca, y que constituya un poder en principio incipiente, y que con el tiempo, pueda tener el peso específico suficiente como para decidir algunas cuestiones. Para eso hay que trabajar muy duro, y encontrar personas que compartan los valores que en esos grupos dominen.
Igual yo creo, que la seriedad, y la persistencia, para todo lo que se emprenda es la clave para el éxito.

Un abrazo, y gracias por leer. Gorrión pys.

Cebolla dijo...

Gorrión, muchas gracias por tu respuesta. Siempre es interesante lo que escribís. Trato de ir leyéndolo de a poco.

Creo que un espacio como este permite ir encontrando afinidades y compartiendo valores. Internet ayuda a construir grupos. De nuevo, muchas gracias.

Cebolla dijo...

Estoy repasando lo escrito porque, la verdad, hay que volver una y otra vez sobre esto del poder y la sexualidad.

Leo lo que escribiste sobre el materialismo histórico, que por su forma de explicar el pasado moraliza la historia. Decime, ¿qué otra visión alternativa hay o proponés vos?

GORRION pys dijo...

Cebolla: En la carrera de Historia ves lo que se llama historiografía. Allí podés ver los distintos enfoques que se pueden tener para aproximarnos a la reconstrucción del pasado. A mí, me simpatizan los historiadores franceses de la Escuela de los Annales de historia económica y social; sin embargo, dentro de la disciplina existen tantas perspectivas como autores. Muchos de ellos están en posiciones muy cercanas al materialismo histórico; pero en realidad es más bien un campo interdisciplinario y de experimentación, donde podés encontrar trabajos muy originales, como los de psicohistoria, por ejemplo.
Mi posición es bastante ecléctica, y me definiría como un neo-ilustrado, pues creo en muchos de los valores de la ilustración y del liberalismo clásico, aunque desearía entender más la posmodernidad y la sociedad de alta complejidad en la que vivimos.

Un abrazo. GORRIÓN pys