"Exhortar a la castidad constituye una incitación pública a ir en contra de la naturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, y toda impurificación de ésta al tacharla de 'impura' representa el verdadero pecado contra el espíritu santo de la vida."

Friedrich Nietzsche

jueves, 18 de octubre de 2007

A la búsqueda del cuerpo perdido: Parte II



Si alguien nos preguntara en este momento, dónde están las raíces culturales de nuestra actual devoción por el cuerpo humano (yo particularmente, considero a mi cuerpo como mi templo, y lo cuido como aquel padre cariñoso que vela por la salud de sus hijos), qué responderíamos. Piénselo por un momento… Si me han seguido, recordarán lo que dijimos sobre la influencia oriental en occidente durante siglos, en relación a la adopción de ciertos criterios estéticos (y éticos), que pasaban por la necesidad de ocultar la “indecencia” que significaba la exposición del cuerpo. ¿Sí?
Nuestros verdaderos padres culturales, los antiguos griegos, llevaban prendas ligeras; realizaban una serie de actividades, como dietas, ejercicios, baños diarios, etc. que, pretendían preservar ese templo sagrado que era su cuerpo, para que estuviese en armonía con la misma naturaleza, a la que veían como perfecta. Para los antiguos griegos, a diferencia de lo que ocurriría durante los posteriores siglos, dominados por la cultura moralizante de la cristiandad, el cuidado del cuerpo era la forma inmediata de estar en contacto directo con la naturaleza, y de rendirle, por así decirlo también, tributo a la generosidad pródiga de los dioses; que como todos sabemos, no se encontraban en un plano de superioridad moral para sancionar “nuestras faltas”; pues ellos, en primer lugar, no eran ningún ejemplo de nada; y por otro lado, se caracterizaban por poseer una pasión desmedida, y a veces hasta desenfrenada (en otro post hablaré de Dionisos, el dios que más dolores de cabeza le produjo al poder en occidente). Los dioses griegos eran pasionales, y muchas veces, el fruto de ese despliegue desenfrenado los hacía caer en acciones injustas. De ahí, que la vida para los griegos no tuviera ninguna relación estrecha con la noción de justicia, tal como la pretendieron concebir ciertos pensadores sociales de los siglos XVIII y XIX; pues, si los dioses desean, gozan, y en sus goces involucran, sus voluntades, que tienen un carácter irracional; es imposible legislar satisfaciendo las voluntades de todos los agentes involucrados en la dinámica, que la vida le imprime a aquellos que se aventuran a vivirla. El sueño de un mundo perfecto (no confundir con un mundo armónico), es una utopía nacida en la modernidad (siglo XVI); que nada tiene que ver con el paganismo politeísta griego: para éstos, aquél, consistía en saber disfrutar de la vida, hallando el justo medio, que quedaría expresado en la concepción clásica aristotélica; la perfección armónica del hombre como medida de todas las cosas. La idea de justicia absoluta, o si se quiere de una suerte de nuevo paraíso terrenal, proviene de un efecto moralizante que, descansaría, en última instancia, en el mismo principio monoteísta del cual surgieran los conceptos estamentales que le dieran formato definitivo a la mentalidad de las tres órdenes (ya hablaré de ella), durante el siglo XII, que aspiraría a construir un mundo solidario dentro de los tres estamentos señalados, y cuyo garante principal, de ese órden era el propio Dios; es decir, un dios perfecto y omnímodo, que sea a la vez, bueno, justo, y misericordioso, que sea capaz de perdonar, y que “tan sólo” nos exigiría como tributo, el respeto a cierto decálogo de preceptos, que operarían como leyes expiatorias, hacia todo intento de neo helenizar la cultura: en especial la relacionada con las aperturas mentales hacia ciertas concepciones libertarias. Sin embargo, a dichos preceptos moralizantes, hay que darles ciertos matices de flexibilidad, para que pueda seguir operando dentro del sistema de valores previamente diseñado. Es por esto que, los diez mandamientos de la ley de dios, así como la Biblia misma, no son interpretados de idéntica manera por el judaísmo, el islamismo (en Oriente), el catolicismo o el protestantismo. Todas las religiones han sabido reformar o adaptar dichos preceptos, a los poderes preexistentes dentro de su comunidad, a sus instituciones y a sus leyes.

Los griegos han sido, durante muchos siglos, los “seres malditos y despreciables” de nuestra civilización; e intentó ocultarse muchas de las costumbres que ellos practicaban, y que iban, más allá de su tan mentada sodomía. No eran un modelo a seguir, como quizás algunos suponen. Tendríamos que esperar recién hasta el siglo XVIII, más o menos, para advertir que algunos pensadores comienzan a mirar a Grecia con otros ojos. Son, en cambio, los romanos los que sí, cautivarán la atención de los renacentistas e ilustrados como Maquiavello, Montesquieu, Bodin, y otros. Pero, quizás el primero en "redescubrir" a los griegos, de la forma en que hoy los percibimos, no haya sido otro que F. Nietzsche. Los griegos, aún hoy, ejercen una atracción poderosísima en la imaginación de todos los hombres que amamos el pensamiento y la libertad. Todavía, muchos de nosotros, sentimos que debemos descubrirlos; siempre habrá mucho que aprender de ellos.
Habíamos dicho que, a partir de los sesenta, el cuerpo humano comenzaba un camino de resurgimiento o redescubrimiento. Si pensamos en la cantidad de autores: filósofos, historiadores, psicólogos, etc., que comenzaron a volcar su mirada nuevamente sobre aquellos siglos tan remotos, en aquella región mediterránea, a la que solamente, y hasta entonces, se la había considerado en sus aspectos políticos, filosóficos y artísticos, veremos que ella, les brindará elementos para comprender cierta cultura libertaria en relación a la sexualidad, que comenzará a ser rescatada, revalorada, y reinterpretada. A partir de los sesenta, Grecia, y en buena medida Roma, comienzan a ser vistas con muchísimos miramientos: piénsese en la cantidad de películas que tocarán dichos tópicos. Hay algo que empieza a fascinar, a cautivar la atención de los investigadores; y no en sus aspectos intelectuales, o artísticos precisamente, como en el “Renacimiento”, sino en sus aspectos en apariencia más triviales: la sexualidad entre los griegos y los romanos, lo aphrodisíaco, o lo venéreo; es decir, lo relacionado con Afrodita para los primeros, o con Venus, para los segundos.
¿Cómo estaba reglamentado, si es que lo estaba, el deseo en la antigüedad? ¿Cómo es que durante aquellos tiempos “hubieron homosexuales”, que durante cerca de veinte siglos se intentó desterrar del vocabulario, a fuerza de anatemas y coacciones de todo tipo; y por consiguiente de la imaginación de los hombres? Si alguien no da créditos a mis palabras, vaya a cualquier librería de cierto renombre y observe la cantidad de material bibliográfico que se ocupa del tema. Fíjense en cómo se enfatiza en el carácter erótico de los dioses paganos. ¿Alguien se imagina a Cristo fornicando? Ay, ay, ay. Dolió esa imagen. ¿No es así? Duele eh, y eso que ya no estamos en el reino de Cristo, ni en el de Jehová, ni en el de los profetas hebreos. ¿Qué dioses reinarán en la actualidad?
De cualquier forma, no se vayan a creer que, en la Grecia clásica no existían condenas morales para los que caían bajo el imperio del deseo, de una forma inapropiada, según las consideraciones de las élites ilustradas (ya hablaré de ello, en un próximo post); pero a diferencia de lo que ocurriría durante muchísimos siglos en Europa, la sexualidad no estaba reglamentada con penas tan severas como la flagelación, las quemas en la hoguera, o la cárcel para aquellos que se escaparan de lo normativo. A los dioses, no les importaba en lo más mínimo, lo que cada quien hiciera con su cuerpo.

1 comentario:

GORRION pys dijo...

Hola Cebolla: Hubo un problema con el comentario que aquí me enviaste, y no sé por qué el blogger no lo publicó. Paso a responderte de igual manera a tu comentario, ya que pude copiarlo a mano. Te pido mil disculpas, pero es la primera vez que me pasa algo así.

Me preguntaste si "somos herederos de la tradición oriental en lo que se refiere a los cuerpos"

No, yo no digo eso. Simplemente digo que, ha habido una influencia de valores (que en algún momento voy a desarrollar en el blog, y no querrás perdértelo) en relación a ocultar lo que el cuerpo tenía de indecente y peligroso. En Medio Oriente, por qué creés que la mujer lleva velo? Pues, por la sencilla razón de que saben del poder (y del peligro) que encierra la exposición del mismo para toda la infraestructura ideológica montada sobre ciertos tabúes. Esto, desde luego, es cultural y obedece a una visión muy arcaica para nosotros los occidentales, que hemos ya "liberado" a la mujer de esos "peligros" hace tiempo ya.
Me preguntaste también si "Occidente era como Oriente". La respuesta, definitivamente es No, por muchas razones; pero rotundamente, no. Somos muy distintos (Voy a tratar, en algún momento, de hacer una reseña histórica sobre los puntos más importantes a mí entender, de cuáles son las principales diferencias entre estos dos mundos).
Me preguntaste también: "¿Dónde estaban los valores occidentales"
Guardados en las abadías medievales, y en las bibliotecas del Clero.
Con respecto a "China, Japón y Corea". No me siento capacitado para hablar de ellos, pues es muy poco lo que, en verdad, sé del extremo Oriente.
Cuando hablo de valores orientales me refiero a los que nacen con la tradición islámica, y que, desde luego, son muy anteriores a Mahoma, y que se ubican en la tradición de los profetas: Abraham y Moisés.

Un abrazo. Te pido mil disculpas por lo del comment. Gracias por leer, y por compartir con los lectores este espacio de reflexión que vamos construyendo entre todos.

GORRIÓN pys